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1996: Atlanta celebró el centenario. Una bomba empañó la gran fiesta

Carl Lewis

Fueron los últimos Juegos Olímpicos de Carl Lewis.

- Getty Images

Barcelona 1992. Una bomba empañó la fiesta

La capital mundial de la Coca Cola recibió a los Juegos Olímpicos y los convirtió en los más grandes, exitosos e inevitablemente, en los más comercializados de la historia. Atlanta puso su mejor esfuerzo para ofrecer la mejor fiesta posible, pero la organización dejó mucho qué desear y para colmo un ataque terrorista revivió la dolorosa memoria de 1972.

¿Dónde quedó la eficiencia americana?

Una nueva cifra récord de países asistentes (172) convirtió a Atlanta 1996 en la fiesta deportiva más grande de la historia, pero también en la más complicada.

La industria privada puso cientos de millones de dólares a disposición del Comité Organizador de Atlanta, pero ni siquiera eso aseguró la eficiencia que el mundo esperaba de una ciudad de Estados Unidos.

El sistema de computadoras de la empresa IBM tuvo graves fallas en la entrega de los resultados, la trasportación de periodistas, turistas e incluso atletas fue una verdadera pesadilla, al grado que un luchador iraní perdió la posibilidad de ganar una medalla por haber llegado tarde al Georgia Dome por culpa de un chofer voluntario que simplemente se perdió en el camino.

Todas esas complicaciones, sin embargo, palidecieron cuando la madrugada del segundo sábado de competencias, una explosión en el Parque del Centenario causó la muerte de una mujer y heridas a otras 111 personas.

Los Juegos habían comenzado con una espléndida ceremonia de inauguración en la que Muhammed Ali, conmovió al mundo entero como el último relevo de la llama olímpica a pesar del Mal de Parkinson que padece y limita sus movimientos.

Después de una semana de excelentes demostraciones deportivas, el ataque al Parque del Centenario, apagó mucho del entusiasmo que se había generado a pesar de los problemas logísticos.

La bomba de fabricación casera fue colocada al pie de una torre de sonido mientras unas 50 mil disfrutaban de un concierto, y aunque no era de gran tamalño o poder, causó tantos daños por la forma en que fue preparada: con miles de clavos y tornillos que salieron disparados como balas al momento del estallido.

Las autoridades de Atlanta, del FBI y de la CIA, y otras dependencias federales lanzaron una cacería humana que terminó con un solo arrestado -un empleado de la compañía de teléfono-, que meses después fue dejado libre por falta de purebas.

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